lunes, 18 de agosto de 2014

Eres como irse de festival








Eres como irse de festival:
algo exprés y lleno de pasión.
Toda la fuerza de uno de sus conciertos
o todo el bajón de alguna droga, que te viene así, de repente.
A veces eres como tener que mear en letrinas siendo chica y bajita a última hora de la noche, vamos, un asco y una putada.

Eres como la pulsera del festival:
algo tangible de muchos recuerdos, y que si no la cortas, es muy difícil que te la puedas sacar por ti mism@.

Eres todo lo bueno y todo lo malo de dormir en tienda de campaña:
sí, intimidad y ese pequeño espacio privado en el que tienes todo lo que quieres y necesitas, pero que en el cuerpo acaba pasando factura.

Estar contigo es como ver a tu grupo favorito:
esa sensación de felicidad que te inunda, que te hace saltar y solo deseas que no acabe nunca.
Pero muchas veces has sido un mal concierto, siempre esperando que toques LA CANCIÓN, esa favorita que significa tanto, y cada vez que van a empezar una espero que sea esa. Pero abandonas el escenario sin haberla cantado, y aunque he dado segundas oportunidades quedándome afónica gritando "¡otra!¡otra!", vuelves a salir, pero no la tocas.

Eres como irse de festival:
no me importa qué comer o ni siquiera si lo hago, con tal de estar contigo.
Y siempre hay alguna incomodidad, como el calor, falta de sombra, polvo o inundación por lluvia, pero que al final son ínfimas molestias, porque siempre vuelvo.

En definitiva, eres como irse de festival:
con sus pros y sus contras, pero al que siempre vuelvo.

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