sábado, 5 de julio de 2014

Borrachera desaforada

Cada vez son menos mis noches de borracheras desaforadas
abocadas a la pasión y la pena nostálgica,
lo cual hace más señaladas las que ya fueron.

Esas noches en las que vuelves a casa tarde,
con monedas de menos en la cartera
y besos de más en el alma.

Esas noches en las que hablas más con la botella
que con tu amiga,
vas mil veces al baño a retocarte el pintalabios,
y te enciendes un cigarro
para llenar los espacios de nervios disimulados
en la conversación.

Esas borracheras locas, pero conscientes,
que parece que la Luna te ha sonreído,
y tu razón inundada en ron te ha dado una tregua
para que disfrutes lúcida de lo que pasará después.

Esas noches tan escasas pero intensas
van muriendo como las horas en los bares y las calles,
cuando a las tres viene la policía a hacerlas dormir,
al menos, aquí en Madrid.

Cuando muerdo de rabia la almohada por tenerme que ir,
pensando que se puede interpretar como un gesto
de chica interesante y dura, de esas que enamoran
y hace que las quieras seguir.
Pero no debí de resultar adecuado trofeo para la espera,
y al final, la que llama soy yo.

Pero eso pasa más ahora, en las borracheras de garrafón
de la mierda de sábados que voy teniendo, tempraneros y forzados.

A ver si vuelven las borracheras desaforadas,
de esas que vuelves más pobre en dinero,
más rica en miradas.


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