domingo, 29 de junio de 2014

Musa de arrabal

Un sábado noche un tanto frío

y bajo el descobijo de la lluvia otoñal,


ella caminaba sin rumbo fijo por la ciudad. 


Provenía de la jungla arrabalera,


y entre soledades y callejuelas,


entró a un bar. 


Deseaba ser musa de algún poeta,


sin saber que una musa a sí misma no se puede inspirar. 


Y no sabe ni donde, escribió:


“La tristeza inspira los más hermosos versos,


y yo llevo demasiado tiempo siendo la mejor poeta”.




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